Tejiendo Vínculos: reconocer la Soledad NO Deseada para volver a conectar

La Soledad no siempre es silencio elegido ni refugio placentero. Existe otra, más difícil de nombrar y de sostener: la Soledad NO Deseada. Una experiencia íntima que aparece cuando las relaciones que tenemos no alcanzan la calidad o la cercanía que necesitamos. Reconocerla no es un signo de debilidad, sino el primer paso para transformarla.

RECONOCER LA SOLEDAD NO DESEADA fue el punto de partida de “Tejiendo Vínculos”, la primera jornada de un ciclo de doce meses impulsada por UkraniaSOS y la Comunidad Euskrania, orientada a visibilizar, comprender y abordar esta realidad, especialmente entre personas desplazadas y refugiadas por la guerra:

Soledad NO Deseada


Cuando la soledad no se ve

La Soledad NO Deseada no siempre es evidente. Se manifiesta a través de señales que afectan al cuerpo, a las emociones y al comportamiento: sensación de desconexión, tristeza persistente, irritabilidad, pérdida de interés por actividades cotidianas o un progresivo retraimiento social son algunos de sus indicadores más comunes. A ellos se suman alteraciones físicas como son el insomnio o la fatiga entre otras, que muchas veces no encuentran explicación médica.

Sin embargo, reconocerla no resulta sencillo. El estigma social sigue asociando la soledad a fracaso personal. En otros casos, como ocurre frecuentemente con personas mayores o colectivos desplazados, se normaliza erróneamente como parte inevitable de la vida. Y, en ocasiones, simplemente faltan las palabras para expresar lo que se siente.


Del aislamiento a la conexión

Frente a esta realidad, esta primera jornada planteó un enfoque claro: aceptar el sentimiento sin juicio y activar pequeños pasos hacia la Conexión; espacios comunitarios, actividades compartidas o el simple hecho de hablar con otras personas en situaciones similares, pueden marcar y marcan, una significativa diferencia.

En este proceso, el papel de éstas y otras iniciativas resulta clave. A través de retiros, grupos de apoyo, círculos de conversación, talleres de todo tipo y actividades físicas, se crean entornos seguros donde reconstruir vínculos, compartir experiencias y recuperar el sentido de pertenencia; se combinan dinámicas de bienestar emocional, actividades creativas y espacios de convivencia que permiten a las personas expresar lo que sienten, encontrar apoyo y, poco a poco, salir del aislamiento.


El cuerpo también habla

En esta primera jornada, la especialista en salud y bienestar Svetlana Vinogradenko, abordó la conexión entre el cuerpo y las emociones. También marcada por el desplazamiento, su experiencia aporta una mirada especialmente cercana.

Vinogradenko trabaja con lo que denomina “cuerpo desconectado”, una realidad frecuente en personas que han vivido situaciones traumáticas. A través de prácticas como yoga, qigong o técnicas de fisioterapia, propone recuperar la sensación de seguridad corporal y salir del denominado estado de alerta constante.

El primer paso es reconocer nuestra situación física, emocional y social; a partir de ahí, dejarnos ayudar y también ayudar a otras personas”, señala.

Su enfoque pone en valor algo esencial: la salud física influye directamente en la emocional. El ejercicio regular, incluso en pequeñas dosis como caminar a diario, reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y fortalece la autoestima.

Y en contextos de desplazamiento forzado, donde el impacto psicológico es elevado, estos hábitos se vuelven aún más importantes.


Crear, Compartir, Sanar.

La jornada también incorporó una dimensión creativa a través del trabajo de una artista, Olena Shumlianska. En un espacio de meditación y creación de ‘joyas’, las participantes transformaron emociones en símbolos tangibles.

Cada pieza elaborada —unos pendientes pintados a mano— se convirtió en una representación de la identidad, la memoria y la fortaleza interior de cada Mujer. Más allá de los distintos resultados artísticos, el proceso grupal permitió reconectar con la propia historia y generar una experiencia compartida de apoyo y reconocimiento.

Las joyas pueden recordarte quién eres realmente”, plantea Shumlianska, destacando el poder de la creatividad como herramienta de autoconocimiento.


Más allá de lo individual

La Soledad NO Deseada no es solo un asunto personal; es también un reto social. Según informaciónes recientes de organizaciones como ACNUR, el desplazamiento forzado afecta a cerca de 120 millones de personas en el mundo, muchas de las cuales enfrentan no solo pérdidas materiales sino, también una profunda ruptura de sus redes afectivas.

En este contexto, las iniciativas comunitarias adquieren un valor fundamental; no sustituyen la intervención psicológica —que se deriva siempre a recursos especializados cuando es necesario—, pero sí actúan como espacios de prevención, detección y acompañamiento.

Al generar encuentros, fomentar la participación y facilitar el acceso a redes de apoyo, estas acciones ayudan a que lo invisible se haga visible y a que nadie tenga que atravesar su experiencia en soledad.

Tejer vínculos, paso a paso

Salir de la Soledad NO Deseada no es inmediato. Es un proceso gradual, hecho de pequeños gestos: aceptar lo que se siente, atreverse a compartirlo, participar en las actividades, escuchar y dejarse escuchar.

Estas actividades son una forma de entender el acompañamiento y se constituyen en pequeñas redes que se construyen entre personas con diversas miradas, trabajando nuestras realidades desde la empatía, el cuidado y la acción colectiva.

Porque, al final, reconocer la soledad no es el final del camino. Es el inicio de una nueva conexión.

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